Archive | febrero, 2011
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Hay que mudarse ¡¿otra vez?!

No sé si para todo el mundo el sólo hecho de pensar en mudarse les ocasiona el mismo trauma que a mí, pero es que cuando llega ese momento (generalmente más rápido de lo que me gustaría) comienzo a pensar en todas las cosas de más que tengo en mi casa y cómo quiero tirar a la basura por lo menos la mitad de todos lo que tengo.

Lo primero que debo aclarar es que tuve el privilegio de vivir durante toda mi niñez, adolescencia y parte de mi adultez (los primeros 22 años de mi vida) en la misma casa con mi padre y mi abuela paterna. Para mí, eso de mudarse era un concepto ajeno que sólo veía que pasaba entre vecinos y personas allegadas. Mi primera experiencia de mudanza fue más bien impulsada por mi abuela materna, ya que tuve que ir a vivir con ella para acompañarla y ayudarla debido a su edad avanzada.

Luego de eso, me mudé con mi prima y pasado un tiempo menor de un año decidí alcanzar la independencia total y vivir sola. Aunque fueron tres mudanzas en un período de unos tres años, pues cada una tuvo su justificación racional. Al mudarme sola me sentí muy bien y estuve ahí hasta que decidí emigrar a Estados Unidos y originalmente vine a vivir con mi hermana.

Según mi criterio, cada una de esas mudanzas tenía una base coherente y razonable y nunca sentí la “fobia” que actualmente siento cuando se acerca el final de otro contrato de alquiler. Todo empezó cuando mi esposo y yo nos mudamos a Nueva York. Aquí llegamos a un lugar en el que voy a limitarme a decir que las condiciones de vida estaban muy por debajo de las reglas de salud pública, así que al mes de estar ahí buscamos otro sitio y nos mudamos corriendo.

En el siguiente lugar cometimos el error de firmar un contrato de dos años y desafortunadamente un mes después nos dimos cuenta de que la cosa no era muy diferente que el primer sitio en el que vivimos. Ahí comenzamos la búsqueda de un lugar limpio (al parecer esto era una exigencia muy alta) y tardamos otros cinco meses para poder encontrar el lugar adecuado, sin contar los problemas que nos dio romper el contrato sin que nos costara una fortuna.

Pues bien, el tercer lugar resultó ser lo que buscábamos y disfrutamos de la higiene, la tranquilidad y el espacio mientras fue posible, pero al quedar embarazada de AbiCool nos vimos obligados a buscar un apartamento más grande. Gracias a Dios, no hemos tenido más problemas de higiene, pero sí nos sentimos incómodos porque queremos más espacio y libertad que no tenemos aquí.

En resumen, en unos meses vamos a mudarnos por quinta vez en cinco años y para alguien que vivió 22 años bajo el mismo techo esta es una cifra exagerada. Además, no sé cómo va a resultar el siguiente lugar que encontremos, si estaremos cómodos, si será todo lo que esperamos. Siento como que el tiempo que me tardo en desempacar y organizar todo es simplemente para comenzar a meter todo en cajas, estoy estresada y agotada.

Me quiero mudar, me tengo que mudar, pero en otro sentido no quiero hacerlo. No quiero empacar tantos libros y copas y revistas. Quisiera un servicio de teletransportación en el que todo llegara arreglado al otro lugar. En fin, hoy desarmamos una cama para visitas y quizás en la semana haga algo más. Al final, no me queda de otra, ¿verdad?

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¡Felicidades Mamá Amparo!


Hoy cumples 86 años y es motivo de celebración para mí y para toda la familia. Recuerdo como hace justamente cuatro años comencé a escribir blogs y lo hice en tu honor un día de tu cumpleaños.

Cuatro años más tarde, lafamiliacool es el espacio ideal para celebrarte y desearte lo mejor porque tú eres el principio de esta familia ya que trajiste al mundo a nuestro padre y luego nos diste a nosotras lo mejor de ti.

Como decía mi primer post del 1 de febrero de 2007: “Hoy mi madre Amparo cumple años y aunque no me trajo al mundo, hizo todo lo que estuvo a su alcance para encaminarme luego de que ya estaba aquí. Ella es una de las personas más interesantes y sabias que he conocido en mi vida y por supuesto, fuente de inspiración”…

Mamá es bastante especial, tiene una picardía única y una energía que nos contagia. Siempre se ocupa de su apariencia y nos hace reír aún en los peores momentos. Por eso, y por un montón de cosas más, yo la amo y le dedico estas palabras en su día de cumpleaños.

Espero que celebremos muchos más en tu compañía. ¡Felicidades Mamá!

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