Madre protectora, ¿o paranoica?

26th marzo 2011
madre-protectora

Hay un refrán dominicano que dice “una cosa es con guitarra y otra es con violín” que quiere decir que siempre tenemos ideas diferentes de las cosas cuando estamos fuera de ellas a cuando pasamos a estar dentro de ellas. Convertirte en madre no es la excepción y existe una línea delgada entre una madre protectora y una paranoica, o eso dicen.

La realidad es que cuando no tienes hijos siempre ves a las madres como exageradas, qué tanto se preocupan por los niños y luego, te vuelves mamá y ese sentimiento de madre protectora te sobrecoje y no te importa lo que piensen los demás. Sin embargo, estaba analizando en qué punto termina esa línea delgada del lado de la protección y comienza la paranoia.

Yo me considero una madre protectora (no paranoica) pero tampoco quiero ser una de esas mamás que no dejan experimentar a sus hijos por miedo a todo.  Sin embargo, de igual manera no quiero ser de esas madres que salen al parque y actúan como que los niños no andan con ellas y otras personas se ven forzadas a “atender” a los niños porque parecieran que están solos.

El otro día, estábamos visitando a un PrimitoCool que tiene dos años de edad. Como imaginarán los niños estaban felices porque se compenetran super bien al tener casi la misma edad. Estaban corriendo, despreocupadamente por supuesto, de un lado para el otro sin parar y no notaban la cercanía de sus cabezas a una mesa de cristal que había en el comedor.

Yo, que estaba sentada en un mueble en la sala de frente a toda la acción me sobresaltaba cada vez que pasaban por la esquina. Sin decir nada, claro, para no parecer la mamá exagerada y paranoica. Debo aclarar, que la mesa, tiene protección en las esquinas para evitar que el PrimitoCool se haga una herida cuando juegue. Pero como madre protectora que soy tenía claro que la mesa representaba un peligro.

Por supuesto, después de correr sin mirar y lo más rápido que podía, AbiCool terminó chocando con una esquina de la mesa a lo que de inmediato reaccioné y fui a ver qué tan duro se pegó en la cara. Una señora, con hijos adultos y más experiencia que yo, me dijo no, no tenías que venir porque se va a poner a llorar. En efecto, AbiCool estaba en el suelo sin decir nada y cuando me vio le salió el llanto.

Lo que la señora dijo es cierto cuando se trata de una caída sin mayor riesgo, pero mi hija se dio en la cara con la esquina de una mesa y yo tenía que asegurarme de que el impacto no fue grave y si necesitaba untarle algo; y ultimadamente, tenía que consolar a mi pequeña que estaba en casa ajena y se había pegado fuerte.

Aunque entiendo que la señora me vio como  exagerada, sigo creyendo que mi reacción fue la correcta y no me importa lo que ella piense. Lo que esto me hizo reflexionar fue que aunque sí hay extremos de padres que no dejan a sus hijos moverse de una esquina en una fiesta de cumpleaños -me pasó también en estos días- todo lo que no esté en el total extremo es justo y está a la entera discreción de la madre/del padre. Yo soy una madre protectora confesa y si eso ante los ojos de algunas personas me hace ver como una paranoica, pues que así sea.

Todos tenemos “medidores” distintos de lo que es peligroso o no para nuestros hijos. Además, sin pensar fríamente en cuáles son nuestros límites siempre estará el elemento de las emociones. Nuestro rol como madres y padres es proteger a nuestros hijos.

Al final, uno nunca sabe cómo va a reaccionar en un momento determinado hasta que se encuentra en la situación. Por eso es que no hay manual para ser mamá, vamos escribiendo nuestras páginas con el día a día.

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El agua, la llave de Trujillo, y el subdesarrollo

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22nd marzo 2011

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua y al recordarlo me vinieron a la memoria tantas anécdotas que ni sabía por dónde comenzar este post.  Y es que ahora que vivo en un país del primer mundo no deja de admirarme la diferencia en el estilo de vida de la gente y de cómo ciertas cosas, como el agua, son parte garantizada de la vida diaria.

Una de las preocupaciones de este año de la UNESCO es el impacto  que el rápido crecimiento de la población urbana tendrá en la demanda de agua potable en esas zonas en las que vive la mayoría de la población mundial. Es muy importante que la gente tome conciencia de esta realidad, pero sin embargo, más que las proyecciones para los sectores urbanos e industrializados del mundo, debemos recordar que el día de hoy hay cientos de países donde la escasez de agua no es un tema nada nuevo.

Pues por eso es que les mencionaba que me llegaban tantas anécdotas al pensar en escasez de agua; durante toda mi niñez y adolescencia teníamos escasez de agua en el sector donde vivíamos. Recuerdo como “buscar agua” o ir a “cargar agua” era parte de nuestras tareas diarias, de hecho, era la primera parte.

Teníamos que llenar un par de tanques para que nos alcanzara para limpiar la casa, lavar los platos, cocinar y bañarnos ese día, y algo extra para el baño matutino del siguiente día. Recuerdo que muchas veces caminabamos de uno a dos kilómetros para conseguir el líquido preciado.

Hace muchísimos años que cientos de miles de personas tienen problema para conseguir agua en los países subdesarrollados o en áreas rurales de países “en vías de desarrollo.

Y ustedes pensarán que son muchos años, ya que mi historia data de unos 20 a 25 años atrás, pero la verdad es que ese es el período reciente del problema. Sin embargo, mi abuela Amparo nos contaba una historia de su niñez, de la época de la dictadura de Trujillo (alrededor de los años 40) en la que ella y otros niños tenían que ir bastante lejos a conseguir agua.

Mi abuela es nativa de San Cristóbal, un pueblo bastante cercano a la ciudad de Santo Domingo y lugar de nacimiento del tirano Trujillo. Pues una de esas mañanas en las que ella caminaba rumbo a buscar agua con dos galones en las manos -o podría ser una cubeta-, ella cuenta que el tirano iba montando en su caballo y se detuvo y le preguntó “¿muchachita, para dónde tu vas a cargar agua?” y ella le respondió hacia dónde se dirigía y desde donde venía a lo que el tirano se mostró sorprendido.

Poco tiempo después instalaron una llave en el sector y así ella, aunque no tenía agua en su casa directamente, ya no tenía que ir tan lejos a buscar el agua. Además, nunca más tuvo que hacer turno para llenar sus vasijas, ya que cuando llegaba se ponía adelante de todos y exclamaba “déjenme llenar, que esta llave me la puso Trujillo a mí”.

La historia de mi abuela siempre me hizo gracia, cuando era niña hasta me impactaba porque ella había conocido a Trujillo un personaje tan ficticio como un fantasma para mi época. Sin embargo, sólo expresa la realidad de cómo millones de personas en el mundo el único lujo que se darán hoy es poderse bañar y tomar agua.

Peor aún, muchos otros miles ni siquiera podrán darse ese lujo.

Como esta niña, una de mis tareas era cargar agua.

 

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Lidiando ya con las rabietas

Publicado en: en-es | 0
15th marzo 2011


Ayer, mi niña cumplió 18 meses y estuve pensando lo rápido que pasa el tiempo y recordé lo pequeñita que era cuando nació y me llené de ternura. Luego, de la nada, la chiquita tuvo una soberana rabieta sólo porque no podía entrar algo en una cajita con la que estaba jugando. Yo tenía entendido que los niños comenzaban a tener rabietas (berrinches, pataletas, tantrums) alrededor de los dos años, pero para mi sorpresa AbiCool ya comenzó.

Al principio pensaba que era dolor de la encía por la salida de los dientes, pero según pasaron los días me he dado cuenta que se enoja por cualquier mínima cosa que no puede hacer o que yo o PapiCool le decimos que no puede tocar o hacer. Lo interesante es que luego de que grita y patalea y se tira en el suelo, al rato se pone tan feliz como que ya descargó una energía que le estaba molestando.

Lo que hago generalmente es que si está jugando con algo permitido y está teniendo dificultad, la ayudo a armar o desarmar el juguete o a entrar cajitas una dentro de otra, etc. Muchas veces lo que ella necesita es que la acompañe a jugar un rato o que le presente otro jueguete para que aleje su atención del que le estaba dando problemas.

Sin embargo, cuando está jugando con algo que no debe se lo quito y la dejo llorar y espero a que se le pase. Al principio yo le quitaba el juguete y trataba de consolarla pero he visto que eso sólo la hacía reaccionar más negativamente. Cuando espero a que se calme por si sola, generalmente se le pasa y se pone contenta y comienza a jugar con otra cosa y en algunos casos hasta viene y me da un abrazo como pidiendo disculpas.

Todavía no he tenido la experiencia de que haga una rabieta en público, pero sé que debo prepararme para eso porque al parecer es parte de esta etapa del crecimiento.

Y ustedes, ¿cuáles estrategias usan para lidear con las rabietas?

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