En un minuto neoyorquino #3 ~ Un metro muy dominicano
Una de las cosas más interesantes que tiene la ciudad de Nueva York es el sistema de trenes metropolitano, mejor conocido como subway. Digo interesante porque tiene una mezcla de local e internacional que lo hace único; esa fusion entre el caos característico de la gran urbe y lo familiar y cotidiano de un espacio que se abre y forma parte de la historia individual de neoyorquinos y visitantes.
En el subterráneo es donde se evidencia el crisol de culturas de la ciudad de Nueva York y se entretejen las vidas de ciudadanos que coexisten en ese universo pero que están a millas de distancia al salir de ahí. Es así como en un día cualquiera voy sentada al lado de dos ejecutivos de Wall Street a mi izquierda y un par de dominicanas a mi derecha de camino a sus hogares al final de la faena diaria.
Esa es una de las experiencias que más voy a extrañar de Nueva York, lo surealista de poder cerrar los ojos y ubicarme en una guagua pública en Santo Domingo al escuchar la conversación animada de mis paisanas, su jerga y color únicos. A pesar de haber emigrado hace ya ocho años, vivir en Nueva York me ha dado esa dosis de dominicanismo necesaria para que el destierro voluntario no resulte tan extraño, extranjero y lejano.
Coincidir en el subway con los dominicanos, aunque muchas veces no haya oportunidad de interactuar, siempre me saca una sonrisa. El sentirme dentro de esa conversación que inclusive otros hablantes de español no llegan a entender y sentirlas tan familiares le imprime a Nueva York la localidad de la que les hablaba. En esos minutos me transporto a la media isla, a mi ciudad natal y a mi gente.
No creo que haya otro lugar fuera de República Dominicana donde se de este fenómeno, aunque hay dominicanos en todo el mundo, la manera como esta cuidad nos ha adoptado es bastante especial.
Yo siempre lo disfruto, adoro que Nueva York y el subway sean tan dominicanos. Esa dosis de cercanía cultural a lo caribeño me ayuda a que los minutos que paso ahí, apiñada entre la multitud, se vayan más rápido. En más de una ocasión he salido riendo a carcajadas e intrigada por saber cómo terminaba el cuento.



























