Archive | diciembre, 2012
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Un nuevo comienzo…

Medir el tiempo es algo que nos ayuda a tener parámetro de lo que hacemos en nuestra vida diaria y a delimitar nuestras metas y objetivos para el futuro. El cierre de un año que termina y la bienvenida al que comienza nos sirve para evaluar lo que tenemos y proponernos nuevas cosas.

A pesar de que la lista de resoluciones es algo que a veces da temor, creo que es un buen comienzo para trazar el mapa de las cosas que tengo pendiente para un período que comienza. El 2013, por ejemplo será para mí un año de muchos retos profesionales y en el que voy a poner en marcha un proyecto muy importante.

Ahora que el 2012 se nos escapa y el 2013 nos brinda la oportunidad de emprender, quiero compartir con ustedes 7 resoluciones para el año que comienza mañana.

Las 7 resoluciones de MamiCool

  1. Organizar mejor mi tiempo
  2. Leer con los NiñosCool todos los días
  3. Establecer 4 clientes para mi compañía de traducción
  4. Completar exitosamente el entrenamiento de ir al baño de AbiCool
  5. Dedicar 2 horas diarias a preparar a AbiCool para entrar a la escuela
  6. Incluir 1 hora de actividad física diaria y llevar una dieta más saludable
  7. Desarrollar el proyecto en el que estoy trabajando y lanzarlo antes de que finalice el verano
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Miércoles Mudo ~ Navidad Cool

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¡Felices Fiestas les desea La Familia Cool!

Muchas gracias a todos por acompañarnos durante este año y compartir tantas cosas con nosotros. Ya mañana es Nochebuena y espero que puedan disfrutar de una cena en familia y aprovechar a los que están, valorar lo que cada uno de ellos significa en sus vidas.
Espero que sigamos viéndonos por esta vía y que el 2013 les traiga muchas satisfacciones.
~

¡Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo!

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En un minuto neoyorquino #5 ~ Historias de Subway

El tránsito subterráneo es una de las partes más importantes de la experiencia neoyorquina. En esos túneles debajo de la tierra se puede sentir el verdadero espíritu de la ciudad y observando, callados, podemos imaginar las mil y una historias que se tejen en la capital del mundo, Nueva York.

Era una tarde cualquiera del verano de 2006, yo como siempre, caminaba por el túnel que lleva del tren F al 1 en dirección al Bronx. En ese momento noté que mis pasos se movían al ritmo de una vieja melodía… “Chiquita sabes muy bien, que las penas vienen y van y desaparecen…”. Es el sonido de una armónica y me doy cuenta que no soy la única moviéndome al compás; sonrío y pienso que es el lenguaje universal de la música.

Detrás de este momento casi perfecto, está la realidad de los cientos de artistas que mejoran la experiencia de utilizar el servicio de trenes subterráneos. Ellos hacen de ese momento cotidiano uno muy peculiar, que maravilla a miles de turistas y saca una sonrisa a cualquier neoyorquino por pesada que haya sido la jornada.

Así nació este artículo, el cual publiqué en la revista para la que escribía en ese momento, de la curiosidad de saber qué hay detrás de esas melodías. Quiénes son y qué hacen cuando están arriba, en el nivel de la calle.

Conocí a Vicente Chuqui, un ecuatoriano que tenía ya ocho años viviendo en Estados Unidos y me contó que parte de su vida transcurre en el subterráneo. Él y otros ocho integrantes conforman el Grupo Manantial que ya tenían varios CDs con música variada, incluyendo ritmos de los andes y versiones de canciones que se han internacionalizado en diferentes idiomas que atraen a casi cualquier público.

Para Chuqui, hacer música en el subterráneo es sólo una parte de su día. Al igual que muchos otros inmigrantes hispanos trabaja en la construcción o “cualquier otro trabajo que aparezca, usted sabe”, dijo. “Somos un grupo y vengo con mi compañero cuando no tengo otros trabajos. Generalmente nos dan un permiso de tres horas y aprovechamos para vender nuestros CDS”, concluyó Chuqui.

Otra escena –tragicómica- sucede dentro de uno de los vagones del tren. Es hora pico y muchos vienen de pie. De momento un hombre saluda con las notas un viejo saxofón. El sonido desafinado hace que algunos lo miren como ridículo, hasta con cierto desprecio.

Sin embargo, este artista tiene su número preparado y no precisamente para perder a su público. Saca algunas notas a su saxo y súbitamente grita “Me voy, me iré, pero me llevo a Bush conmigo”. Las caras cambian. Sonrisas y carcajadas descargan el ambiente y comienzan a salir los dólares de las carteras y billeteras.

Yo también sonrío y pienso con tristeza que ese artista probablemente duerme en la calle, o en los vagones del tren. Su vida transcurre en los alrededores. No hay nada a parte de esto, su vida es el subterráneo.

Al margen de su realidad, él alegra el día de los transeúntes y para ellos representa sólo ese momento de esparcimiento dentro de su agitada rutina. Se bajan del tren y vuelven a fruncir el seño.

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Siesta… ¿divertida?



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