Domingo Dominicano #5 ~ Sabor de mi infancia
Hace unos días encontré un tesoro que ni siquiera recordaba que tenía en casa, había quedado guardado desde hace meses en una caja en donde tengo algunos productos dominicanos. Son las barritas de chocolate de la foto, producidas en República Dominicana y que han estado en el mercado por décadas.
Confieso que cuando las encontré me sentí como una niña pequeña, calculando cuáles le iba a dar a los NiñosCool y a los PrimosCool y cuáles guardaría celosamente para mí. Imaginarán que como adulto responsable, dividí equitativamente todo… se equivocan. Al final la niña pícara que hay en mí hizo que me quedará con las dos favoritas: Crachi-Crachi y Más-Más. Las otras dos las dividí en partes iguales y se las regalé a los pequeños.
Estas barritas se venden en Santo Domingo y son la competenica directa de barras norteamericanas que cuestan muchísimo más. Cuando era niña recuerdo como ahorraba mis centavitos cada vez que hacía los mandados para luego poder comprar una.
El viernes pasado cuando le di la primera mordida a la barrita de Crachi-Crachi me llegaron tantos recuerdos a la memoria, como los innumerables viajes al colmado que con mis cortas piernas parecía un trayecto infinito. Pero sobre todo, recordé lo orgullosa que me sentía cuando regateaba la cantidad de pasta de tomate, mantequilla o queso que me vendían y escuchaba que el dependiente me decía … es igualita a la abuela, regatea por todo”.
Es que Mamá Amparo nos instruía cómo debíamos ir al colmado y hacer valer el peso, asegurarnos que nos echarán un chin más. Mi hermana mayor era más tímida y nunca regateaba, y mamá siempre la regañaba. Por eso cuando el mismo muchacho del colmado reconocía mis dotes para negociar, sonreía por dentro inflada de orgullo.
El arte de regatear (porque lo considero un arte) es uno de esos regalos que mamá nos heredó. Y hablo en plural porque aunque mi hermana de niña era tímida para hacerlo, en la actualidad es una maestra para conseguir ofertas, rebajas y regatear cuando es necesario.
Es interesante cómo una simple barra de chocolate puede desatar tantos recuerdos, ¿verdad?.
¿Y a ustedes, cuál golosina les transporta a su niñez?



















